viernes, 20 de diciembre de 2013

Desde la orilla

Son los sueños espacios indefinidos: son visiones del futuro, encuentros con el pasado, pesadillas, aspiraciones, juegos de nuestra mente, en fin, espacios de vida indefinidos que (según expertos) representan los 5 minutos antes de despertar.

He tenido durante semanas la impresión de mi muerte, causado esto por un mal nervioso, es al parecer, mi temor más enraizado. pienso que todos quisiéramos estar preparados, "hacer las paces", estar en paz (algo de tanatología) y uno realmente cree que tiene muchas cosas por hacer.

Me doy cuenta que he hecho de lado aquello por lo que elegí esta carrera de la educación: formar en el amor al prójimo. Participar del camino vocacional que tiene el hombre por el bien, hacia el bien.

Con lágrimas me doy cuenta de frente a mi que ni siquiera con mi familia lo he sido, he pedido tantos por verlos crecer a través de los años que inmediatamente estoy olvidando verlos crecer hoy.

martes, 10 de diciembre de 2013

Mi falta de fe en el hombre

Hace poco me di cuenta que mi fe en la humanidad ya no era la misma: y con tristeza acepto ello como una debilidad, al grado de ser partícipe de mi salud.

Esa falta de fe trae consigo daño a la esperanza, si, aquella que "muere al último". Supongo que así fue como mi cuerpo y mente, así como mi espíritu se encontró sin hallar motivos para continuar.

Pero decía que el reto de la fe es ir contra las evidencias que la nieguen hasta que aparezcan aquellas que fortalezcan la vida a través de del espíritu.

Es el alma tanto emisor como receptor de Dios, por tanto, el insistir en los sentidos hace de lado la importancia del sentir espiritual. Sería nuestra tarea entonces el hallar el sentido por el cual se expresa el alma.

Mi interpretación a "este sentido" se halla en la oración, esa conversación que se busca establecer, que en ocasiones sólo habla y no escucha, y cuando recibe, parece un lenguaje extraño para nosotros, casi susurrante.

¿Cómo se habla ese lenguaje?, ¿Tendrá reglas, sintaxis, semántica, etc? Yo quiero hablarlo y mis palabras hacen eco en mi cabeza, uso el lenguaje aprendido de mis padres, del lugar donde nací, de los demás que me rodearon en la infancia. El Señor también ha estado conmigo pero mis oídos nos han repetido sus susurros, los gritos, los llantos, los espacios de su voz.

No me enseñaron a escucharlo, no abrí mi alma a su voz, y hasta ahora lo estoy intentando, no sé si es a tiempo o muy tarde. Recuerdo que hace tiempo le dije a alguien: "Nunca es demasiado tarde; siempre es justo a tiempo".

lunes, 9 de diciembre de 2013

La voz

La espera que precede a nuestro camino, a los pasos que nos guíen, al cruce o momento en el que hay que decidir qué camino tomar...

Pedimos entonces por la voz de Dios, y como mencioné antes en el aspecto de la vocación, no abrimos el escucha del alma, lo que hacemos es esperar para que el Señor sea atendido por nuestros oídos.

Cristo nos habló de las aves del cielo, de cómo son guiadas y cuidadas por el Padre. Pero nosotros, anteponemos algo: el conocimiento. Aristóteles decía que "todo lo que se conoce, lo conoce por los sentidos". Y estamos expuestos en vida a limitar nuestros sentidos en lugar de expandirlos. De alguna forma nos vamos insensibilizando, no estamos atentos a todos los estímulos , o bien, en ocasiones son tan persistentes que pasa como en la condición de Weber: por ejemplo: si se sostiene durante largo tiempo un objeto pesado con un brazo, éste se acostumbra a aplicar cierta fuerza, así que si le damos un objeto de diferente peso comenzará aplicando la fuerza a la que está acostumbrado.

¿Recuerda la primera vez que ese anuncio, noticia o comercial le impactó?, Si lo ve varias veces, ¿Cuál es su reacción? 

martes, 26 de noviembre de 2013

Un punto de vista acerca de la fe

Parece fácil el camino de la fe: basta con agregar una crisis para que ésta guíe nuestras oraciones, plegarias, pensamientos e incluso nuestra vida.

"Si fuera tan grande como un grano de mostaza podríamos indicarle al árbol que se arroje al mar"

Nos estamos acostumbrando a los milagros, pasan tantos en el día que se han vuelto cotidianos y menospreciados.

Todo comienza con el acto de vivir y el sentido de la misma; considero que los momentos de crisis verdadera (no atadas al dolor físico) están en nuestro camino a seguir.

¿Qué camino a seguir a ante un Dios que aparentemente nos abandona?

Recordemos que el camino de la Fe no surge tras la evidencia; es más, la evidencia parece una recompensa a la fe. En alguna ocasión escuché la afirmación tajante de que la fe es una creencia ciega.

Siendo la vista el sentido del que hemos aprendido a depender más, esta afirmación resulta terrible; sin embargo, los ciegos aprenden de los demás externos, y debemos hallar a Dios en lo que oímos, olemos, probamos y sentimos.

El Señor está en sus obras, entonces, no es necesaria la vista para hurgar dentro de nosotros, hacer de nuestro cuerpo un espacio de fe, que nuestro respirar infle los pulmones de fe y transfiera al mundo ese soplo de evidencia divina. Podría decirse que somos evidencia de Dios y que no somos capaces de presentarnos a nosotros mismos.

Sólo en la virtud fortaleceremos nuestro cuerpo haciendo palpitares de fe, al ser iglesia, debemos ser casa de Dios, espacio de sus bendiciones y compañía, de ese momento en el que el Señor nos cubre: no sólo en los tiempos difíciles, también cuando son de paz o de gozo su manto bendice.

viernes, 15 de noviembre de 2013

La Vocación, un llamado y oídos sordos...

¿Qué es la vocación? Sabemos que su raíz está en el "llamado", una voz que nos indica qué ruta debemos tomar.

Pero el problema está en la atención a esa voz. Recuerdo hace unos años que estaba en la iglesia y el sacerdote comentó algo acerca de que la voz de Dios en ocasiones nos pasa desapercibida, que no tenemos incluso ojos u oídos a esa voz porque  quien nos ayuda a escuchar o ver sus mensajes; sobretodo, a interpretarlos, es el Espíritu Santo.

El motivo por el que menciono esto, va dirigido a hacer notar que en ocasiones nuestro llamado interno, esa voz que nos indica el camino de nuestra de vida en cuanto a las acciones -y que parece terriblemente limitada hoy día a la mera acción laboral- se queda sin la indicación de cómo escucharla.

Si la vocación es un llamado; ¿por qué "llamarnos"?, y habría que hallar entonces el ausculture (escuchar) en nosotros.

Lo importante es atender nuestra naturaleza, y entonces el llamado no tendría que venir a gritarnos y afectarnos cuando no es escuchada. No causaría en nuestro corazón la curiosidad por actividades "nuevas" y placenteras que atendemos tal vez como hobbies, tal vez por que hoy nos cuesta relacionar el trabajo con el placer y entonces parece que nuestra naturaleza y placer nos debe de dar ocasiones de gozo, nos cuesta conducirnos por la conclusión de que nos imponemos tareas.

Pero lo hacemos, nos imponemos labores a realizar, incluso además de las que nos son impuestas, y es ahí donde comienza la primera parte del llamado, nos confundimos ante quién nos llama: Porque nos llaman nuestros padres con sugerencias para nuestra actividad cotidiana, los amigos, en ocasiones la pareja, "gritos" sociales que nos hablan de los buenos empleos, la oferta y la demanda.

Este grito es lo que me tiene justo frente al teclado, enfrentándome a preguntarme y responder al tiempo que mis dedos siguen con estas cosquillas y que atiendo después de mucho tiempo.

Este espacio, por ende, será un espacio sin matices de temas, es decir, por supuesto que habrá uno: Yo, mi voz, mis voces, mis llamados y mis escuchas, mi forma de auscultarme mientras escribo. De "descubrirme" -este acto de quitar lo que cubre, simple y llano- para contar cosas que a veces no tendrán aparente relación.

Lo que si, es que te invito a escucharte, y te adelanto que algún día esa voz susurrante encontrará la forma de gritar.

Oh si, y pide al Espíritu Santo que te ayude a interpretar lo que Dios quiere decirte, porque, a pesar de que podamos percibir sus mensajes, en ocasiones nuestra "traducción" puede ser tan ligeramente errónea que nos cause GRANDES problemas.