viernes, 15 de noviembre de 2013

La Vocación, un llamado y oídos sordos...

¿Qué es la vocación? Sabemos que su raíz está en el "llamado", una voz que nos indica qué ruta debemos tomar.

Pero el problema está en la atención a esa voz. Recuerdo hace unos años que estaba en la iglesia y el sacerdote comentó algo acerca de que la voz de Dios en ocasiones nos pasa desapercibida, que no tenemos incluso ojos u oídos a esa voz porque  quien nos ayuda a escuchar o ver sus mensajes; sobretodo, a interpretarlos, es el Espíritu Santo.

El motivo por el que menciono esto, va dirigido a hacer notar que en ocasiones nuestro llamado interno, esa voz que nos indica el camino de nuestra de vida en cuanto a las acciones -y que parece terriblemente limitada hoy día a la mera acción laboral- se queda sin la indicación de cómo escucharla.

Si la vocación es un llamado; ¿por qué "llamarnos"?, y habría que hallar entonces el ausculture (escuchar) en nosotros.

Lo importante es atender nuestra naturaleza, y entonces el llamado no tendría que venir a gritarnos y afectarnos cuando no es escuchada. No causaría en nuestro corazón la curiosidad por actividades "nuevas" y placenteras que atendemos tal vez como hobbies, tal vez por que hoy nos cuesta relacionar el trabajo con el placer y entonces parece que nuestra naturaleza y placer nos debe de dar ocasiones de gozo, nos cuesta conducirnos por la conclusión de que nos imponemos tareas.

Pero lo hacemos, nos imponemos labores a realizar, incluso además de las que nos son impuestas, y es ahí donde comienza la primera parte del llamado, nos confundimos ante quién nos llama: Porque nos llaman nuestros padres con sugerencias para nuestra actividad cotidiana, los amigos, en ocasiones la pareja, "gritos" sociales que nos hablan de los buenos empleos, la oferta y la demanda.

Este grito es lo que me tiene justo frente al teclado, enfrentándome a preguntarme y responder al tiempo que mis dedos siguen con estas cosquillas y que atiendo después de mucho tiempo.

Este espacio, por ende, será un espacio sin matices de temas, es decir, por supuesto que habrá uno: Yo, mi voz, mis voces, mis llamados y mis escuchas, mi forma de auscultarme mientras escribo. De "descubrirme" -este acto de quitar lo que cubre, simple y llano- para contar cosas que a veces no tendrán aparente relación.

Lo que si, es que te invito a escucharte, y te adelanto que algún día esa voz susurrante encontrará la forma de gritar.

Oh si, y pide al Espíritu Santo que te ayude a interpretar lo que Dios quiere decirte, porque, a pesar de que podamos percibir sus mensajes, en ocasiones nuestra "traducción" puede ser tan ligeramente errónea que nos cause GRANDES problemas.

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