martes, 26 de noviembre de 2013

Un punto de vista acerca de la fe

Parece fácil el camino de la fe: basta con agregar una crisis para que ésta guíe nuestras oraciones, plegarias, pensamientos e incluso nuestra vida.

"Si fuera tan grande como un grano de mostaza podríamos indicarle al árbol que se arroje al mar"

Nos estamos acostumbrando a los milagros, pasan tantos en el día que se han vuelto cotidianos y menospreciados.

Todo comienza con el acto de vivir y el sentido de la misma; considero que los momentos de crisis verdadera (no atadas al dolor físico) están en nuestro camino a seguir.

¿Qué camino a seguir a ante un Dios que aparentemente nos abandona?

Recordemos que el camino de la Fe no surge tras la evidencia; es más, la evidencia parece una recompensa a la fe. En alguna ocasión escuché la afirmación tajante de que la fe es una creencia ciega.

Siendo la vista el sentido del que hemos aprendido a depender más, esta afirmación resulta terrible; sin embargo, los ciegos aprenden de los demás externos, y debemos hallar a Dios en lo que oímos, olemos, probamos y sentimos.

El Señor está en sus obras, entonces, no es necesaria la vista para hurgar dentro de nosotros, hacer de nuestro cuerpo un espacio de fe, que nuestro respirar infle los pulmones de fe y transfiera al mundo ese soplo de evidencia divina. Podría decirse que somos evidencia de Dios y que no somos capaces de presentarnos a nosotros mismos.

Sólo en la virtud fortaleceremos nuestro cuerpo haciendo palpitares de fe, al ser iglesia, debemos ser casa de Dios, espacio de sus bendiciones y compañía, de ese momento en el que el Señor nos cubre: no sólo en los tiempos difíciles, también cuando son de paz o de gozo su manto bendice.

viernes, 15 de noviembre de 2013

La Vocación, un llamado y oídos sordos...

¿Qué es la vocación? Sabemos que su raíz está en el "llamado", una voz que nos indica qué ruta debemos tomar.

Pero el problema está en la atención a esa voz. Recuerdo hace unos años que estaba en la iglesia y el sacerdote comentó algo acerca de que la voz de Dios en ocasiones nos pasa desapercibida, que no tenemos incluso ojos u oídos a esa voz porque  quien nos ayuda a escuchar o ver sus mensajes; sobretodo, a interpretarlos, es el Espíritu Santo.

El motivo por el que menciono esto, va dirigido a hacer notar que en ocasiones nuestro llamado interno, esa voz que nos indica el camino de nuestra de vida en cuanto a las acciones -y que parece terriblemente limitada hoy día a la mera acción laboral- se queda sin la indicación de cómo escucharla.

Si la vocación es un llamado; ¿por qué "llamarnos"?, y habría que hallar entonces el ausculture (escuchar) en nosotros.

Lo importante es atender nuestra naturaleza, y entonces el llamado no tendría que venir a gritarnos y afectarnos cuando no es escuchada. No causaría en nuestro corazón la curiosidad por actividades "nuevas" y placenteras que atendemos tal vez como hobbies, tal vez por que hoy nos cuesta relacionar el trabajo con el placer y entonces parece que nuestra naturaleza y placer nos debe de dar ocasiones de gozo, nos cuesta conducirnos por la conclusión de que nos imponemos tareas.

Pero lo hacemos, nos imponemos labores a realizar, incluso además de las que nos son impuestas, y es ahí donde comienza la primera parte del llamado, nos confundimos ante quién nos llama: Porque nos llaman nuestros padres con sugerencias para nuestra actividad cotidiana, los amigos, en ocasiones la pareja, "gritos" sociales que nos hablan de los buenos empleos, la oferta y la demanda.

Este grito es lo que me tiene justo frente al teclado, enfrentándome a preguntarme y responder al tiempo que mis dedos siguen con estas cosquillas y que atiendo después de mucho tiempo.

Este espacio, por ende, será un espacio sin matices de temas, es decir, por supuesto que habrá uno: Yo, mi voz, mis voces, mis llamados y mis escuchas, mi forma de auscultarme mientras escribo. De "descubrirme" -este acto de quitar lo que cubre, simple y llano- para contar cosas que a veces no tendrán aparente relación.

Lo que si, es que te invito a escucharte, y te adelanto que algún día esa voz susurrante encontrará la forma de gritar.

Oh si, y pide al Espíritu Santo que te ayude a interpretar lo que Dios quiere decirte, porque, a pesar de que podamos percibir sus mensajes, en ocasiones nuestra "traducción" puede ser tan ligeramente errónea que nos cause GRANDES problemas.