Si bien la máxima expresa claramente la necesidad que tiene la mente del cuerpo, cabe preguntarnos cuál sería la resonancia del espíritu para con ambos.
La condición del espíritu y su salud no la tenemos tan clara, hemos contemplado cómo personas que a nuestro juicio debían tenerlo corrupto y quebrantado muestran signos de salud.
¿Qué ocurre con la corrupción del espíritu? Sabemos de casos donde lo corrupto, lo contaminado, no necesariamente destruye la vida, la sustituye. Sin embargo, esta sustitución entra en la disyuntiva: Ya no sigue su naturaleza, pero la enfermedad daña el organismo y éste no deja de ser el mismo, por lo que corromper el espíritu es ir en contra de "natura", y esa alteración terminará por dañar tanto mente como cuerpo.
Pero ante esto, la mente interpone la defensa del bien, justifica y trata de convencerse a partir de que sus actos persiguen un bien. Pero no podrán evitar con el paso del tiempo que ese mismo bien se vea cuestionado por el espíritu. Podemos llamarle alma, y es una vía para la omnipresencia de Dios.
Señor Espíritu Santo sana mi alma y cuerpo.
Aleja de mí el infierno.